Con zapatos de tacón…

zapatos de tacon

Hay días en que tengo cosas que hacer y nada más no me puedo concentrar. Por ejemplo, hace una semana mi mente daba vueltas y vueltas recordando el día que terminé con Armando. Ay, Armando tan guapo, tan educado, tan gentil y sobretodo tan respetuoso. Lo recuerdo con mucho cariño porque gracias a él pude recuperar mi autoestima más rápido.

Lo conocí cuando tenía mi mayor problema de sobrepeso, la etapa donde usaba todas las fajas que existieron en el mundo; la de alga, la que tenía unos chips eléctricos que según te activaban la circulación de la grasa, la que, en lugar de enflacarte, nada más te sacaba las lonjas por otros lugares, todas las usé. Esa etapa donde hice todas las dietas del mundo y no bajé nada; la del kiwi, la de la luna, la de las estrellas, la de los licados, otra en la que comía cada dos horas para activar el metabolismo (nada más que yo me la tomaba muy en serio y comía cada dos horas una dona, unas galletas…) y así me iba de dieta en dieta sin resultado alguno.

Fue más o menos la misma etapa donde CV Directo recibía el 50% de sus ingresos gracias a mis compras que están todavía al fondo de mi closet; el bioshaker, mi malungay, los skinny shots, mis bras uplift y hasta un paquete completo de ampolletas de alcachofa.

Pero cuando conocí a Armando, las cosas cambiaron, me dejé de obsesionar y me di cuenta que aunque estuviera gordita yo valía como persona y ahí fue cuando pude (por fin) seguir una dieta, cuidar mi cuerpo y valorarme más allá de mi imagen.

En el momento en que trabajé mi aceptación, mi autoestima subió como espuma. Desde que terminé con él he salido con varios galanes, pero nada serio, la verdad salgo pero no hay nadie que me llame la atención lo suficiente como para formalizar una relación, pero ya llegará. Mientras tanto yo sigo mi búsqueda, no solo de pareja, también de mejorar como persona y, sobre todo, en mi afán de crecer profesionalmente y poder ayudar a las personas que me rodean y a aquellas que acuden a mí en busca de algo de ayuda o un consejo. ¡Me encanta la nena que soy ahora! Además, creo que puedo estar tan de buenas porque, a pesar de todo, siempre me pasan cosas a las que les saco el lado bueno.

Y así … me quede pensando en todo lo que viví con él y cómo ha cambiado mi concepto de mi misma de hace 3 años para acá… total que ya ni podía terminar mi trabajo nada más de estar pensando. El sonido del timbre de mi casa me volvió a la realidad, sonaba con mucha insistencia, lo cual es raro porque a esa hora en mi casa no espero a nadie. Mi perro, Chocochip, no paraba de ladrar, así que me apresuré a abrir la puerta. Un amable repartidor me entregó un sobre: una invitación a un evento de relaciones públicas, ¡genial!

carta

Por fin llegó el día esperado, me puse mi vestido negro favorito y me arreglé muy bien, no es por nada pero ¡me veía espectacular! Hace mucho no me sentía tan segura de mi cuerpo y de mi físico. Me arreglé súper bien, apliqué todos los tips básicos de mi revista favorita y de uno que otro video de youtube, y salí como princesa en búsqueda de pasar un buen rato y, quien sabe, igual encontrar a mi príncipe.

No sé por qué estaba tan emocionada y, lo peor, no sé por qué no invité a nadie, ¡llegue sola y cuando entré me di cuenta de que no había ninguna cara familiar! 
Según yo no había cometido ningún error en mi vestimenta, pero traía unos tacones nuevos más altos que el Empire State y ¡estaban súper incómodos! Se ven tan padres que no dudé un minuto en ponérmelos. ¡Haciendo un gran esfuerzo caminé agraciada y hasta pude mantener una gran sonrisa y parecer distraída en otras cosas para que nadie se diera cuenta de mi gran dificultad! La gente se me quedaba viendo como extrañados de que yo sonriera tanto y hasta los saludara, pero preferí eso a verme sola y sin poder caminar bien en tacones.

Mientras me tomaba un coctelito, dos mujeres a mi lado conversaban, sin pensarlo, me presenté con ellas y comenzamos a platicar. En eso vi pasar un hombre de traje que me sonrió y casi me desmayo, sentí que me temblaron las piernas, pero se siguió. ¡Qué guapo! Me encantó.

Después de un rato, nos invitaron a ver el video de la empresa que organizaba el evento, nos sentamos y quedó un lugar vacío a mi lado. Apagaron las luces y estábamos casi totalmente a obscuras, solamente se podían ver las caras de las personas por luz de la pantalla, pero no había forma de ver los pies, entonces ¡decidí quitarme los zapatos!

Nadie estaba a mi lado y todos parecían súper concentrados en el video. ¡Uff! La verdad fue un súper alivio, tenía los pies todos rojos y llenos de curitas para evitar las ampollas, se veían medio feos pero con las luces apagadas nadie lo notaría, además me los volvería a poner en el momento justo en que terminara el video. Tenía todo calculado.

Justo cuando estaba masajeando el pie derecho con el izquierdo…¡llegó el hombre de traje y se sentó a mi lado! Así que intenté ponerme los zapatos pero me puse tan nerviosa que le di una patada, ¡noooo! Le pedí disculpas, le sonreí y seguí en mi intento de ponerme los zapatos de la manera más discreta posible. Pero claro, los nervios aumentaban a medida que me daba cuenta que el video avanzaba, me empezó a temblar el corazón, ¡estaba nerviosisima y muerta de la pena! Estas cosas solo me pasan a mi… me quería ir corriendo pero seguía sin poder ponerme los zapatos porque, de reojo, me di cuenta que uno se había atorado en la silla de enfrente y el otro estaba abajo de las piernas del señor a mi lado…¡ay, qué problema!

Respiré un poco, me calmé y decidí dejar de hacer maromas y mejor agacharme y agarrar mis zapatos con las manos y ponérmelos como si fuera lo más normal del mundo. ¡Fácil! Así lo hice y, mientras regresaba a sentarme, el hombre a mi lado me dijo “¿Nos tomamos un vinito al terminar el video?” ¡Oh, sorpresa!

Esta historia continuará…

Aventura pasada de La Nena

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Escrito por

Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?

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