Por: Adriana Esteva
¡Hola! Quiero empezar esta sección platicándote que por muchos años pensé que era ciudadana de segunda, que no merecía pertenecer a la “elite” en dónde se encontraban las flacas, bien vestidas, exitosas y felices.
Estaba totalmente convencida que mi gordura era un castigo divino que me condenaba a vivir por siempre en un desdichado mundo lleno de soledad, restricción, castigo, abandono, incomodidad, juicios y colores que se paseaban en la gama de los grises.
Gris era mi ropa, gris era mi mundo, gris era mi vida.
Estaba convencida que cuando estuviera delgada los colores emergerían inmediatamente, convirtiéndome en una luminosa princesa delgada, fuerte, confiada, feliz y ágil capáz de enfrentar cualquier situación.
Usualmente quienes hemos tenemos una mala relación con la comida, nos abandonamos en fantasías similares, culpamos al peso de todo lo “desagradable” o “inaceptable” que hay en nuestra vida; y esto lo hacemos por una muy buena razón, o por lo menos por la única razón que encontramos en algún momento de nuestra vida, cuando todo parecía salirse de control: Porque era preferible comer y preocuparnos por el peso, que aceptar lo que nos estaba pasando.
La compulsión para Geneen Roth, en su libro “Cuando la comida sustituye al amor, es “desesperación a nivel emocional”. De ahí entonces que cuando sentimos esas ganas de comer sin control y sin parar, es porque algo está fuera de control e intentando no parar dentro de nosotros.
Esa sensación de no poder parar de comer, esa aparente “falta de voluntad”, esas promesas rotas cada jueves jurando que el lunes volverás a empezar, esos llantos de frustración, ese enojo y vergüenza cada vez que alguien te dice “pues ya no comas y ya”, esas escapadas de noche al refrigerador, esos escondites secretos debajo de la cama, ese sudor frío que te recorre al ver la báscula o cuando no te cierran los pantalones, tiene que ver con mucho más que “estar gordo”. Es la restricción que has vivido al no poder reconocer y expresar lo que sientes, con el dolor de no haber sido visto ni validado, con el miedo al rechazo, con la protección ante un abuso o ante una situación para la que no estabas listo.
Tu relación con la comida contiene la llave mágica para revisar tu relación con tu entorno y contigo mismo. Te invito a que iniciemos un camino diferente en el que el respeto, la amabilidad, la paciencia, la validación y la responsabilidad te llevarán de la mano a sanar tu relación con la comida.
Aquí en este blog descubirás el camino. ¡Hasta la próxima!
Adriana Esteva – aestevita@hotmail.com
www.isolacrecimiento.wordpress.com
Artículos Relacionados
Related Articles
Comparte Este Artículo
Acerca de mí
(0) Comentarios











