Por Paola Belendez Varela
Cada vez que pienso que han sanado las viejas heridas, regresan, por alguna extraña razón; y es que en este camino del despertar, despierto también a la observación sin escrúpulos de la dualidad, de mi dualidad.
Por un momento me siento conectada, lloro de felicidad, me siento la diosa más hermosa del universo, un ángel, casi pudiera jurar que veo mis alas. En ese momento siento mucho amor por mi misma, no existe el juicio, soy el observador, mis ojos han sido invadidos por la compasión y desde ahí sólo veo la belleza que hay en mi y en todo lo que me rodea, puedo cantar y bailar, mi cuerpo se siente ligerito y mis límites físicos desaparecen. Me fundo con el mundo entero, mi corazón se siente tan grande que pudiera abrazar al mundo entero, mis caderas se mueven con tal dulzura y cadencia que le roban el aire a cualquiera, y mi sonrisa, qué les puedo decir, simplemente no cabe en mi cara.
Y desde ese lugar ruego porque todos los seres de este planeta puedan sentir en algún momento de sus vidas esto que estoy sintiendo, que el universo me abraza y la tierra sostiene cada paso que doy.
Es tan indescriptiblemente maravilloso este estado que quisiera permanecer aquí por siempre, y exactamente en ese momento que trato de atraparlo y contenerlo, se me va de las manos y… ¡puff! desaparece. Regresa el juicio, regresan los viejos miedos, empiezo a criticar mi cuerpo, a ver todo lo que no me gusta de él, la mente vuelve a tomar posesión y empiezo a pensar de nuevo lo desdichada que soy por no tener un cuerpo perfecto de esos que tienen mis amigas, de los que creo que “todos” los hombres quieren. Y empiezo a futurizar… sin tan sólo yo pudiera ser flaca… sería tan adorable, tan perfecta, podría tener a cualquier novio que yo quisiera, si tan sólo pudiera… Pero me siento impotente, completamente impotente, así que una vez más me doy cuenta que lo único que me queda en estos casos, que gracias a Dios cada vez son menos recurrentes, es abrazarme, con mucho amor, y desde ese amor, regresar a ese lugar en dónde me puedo dejar de juzgar, en donde soy hermosa, fuerte y poderosa; sabiendo que, probablemente nunca deje de existir esa niñita temerosa y lastimada, cuya preciosa e importante misión es recordarme que siempre se puede regresar al amor, y que el amor lo sana todo.
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(1) Comentario
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alma
Hola
WOoow esto me impresiono muchisimooo de verdad me levanto el animo hasta el cielooo, muy buena redaccion nena…