Cada lunes mi amiga Clarita llega al trabajo recomendando el libro que leyó en su fin. Ella tiene dos hijos: Marina de 10 años y Óscar de ocho. Su esposo es un hombre que gusta de probar nuevas experiencias, así que cada final de semana lleva a su familia a un nuevo restaurante, un nuevo centro de diversión o a conocer algún pueblito perdido de la civilización.
A mi amiga Clarita le encanta cocinar para su familia; nunca faltan en la oficina “las probadas” de los deliciosos postres que prepara para sus reuniones familiares de todos los domingos. Además, ella aprovecha sus días de descanso para practicar la natación, ir a su clase de baile de salón, hacerse la manicura, la pedicura y… ¡pues cuándo termina los libros, caray! Y entonces, el pasado lunes le pregunté:
− A ver Clara, ya dime la verdad, ¿en que blog lees las reseñas?- Y ha soltado tal risa que hasta avergonzada me hizo sentir, pero me confesó:
− Mira Nena, el año pasado llegó a mí un libro maravilloso. Se llama Aprendizaje inteligente, de Pablo Menichetti. En él descubrí una manera de leer de modo eficiente; al principio lo pensé para mis hijos, pero no sabes cuánto me ha ayudado a mí también: a ser más rápida en el trabajo por ejemplo. Además, déjame decirte que leer te da buenos temas de conversación. ¿Te acuerdas que era bien insegura en las reuniones porque no sabía ni de qué hablar con la gente?, pues ahora les platico de todo lo que he leído y los dejo… boquiabiertos.
Y ya con tal libro conmigo, ¿lo revisamos juntas? Aquí dice que un lector eficiente domina tres niveles: sabe escanear, lee con intención y aumenta su velocidad. Pues a practicar.
1. En diez segundos debemos pasar la mirada por toda la hoja enfocándonos solamente en las imágenes, los títulos, subtítulos o pies de foto. Una vez hecho, debemos preguntarnos qué información acerca del texto obtuvimos con ello y enseguida, traer a cuenta todo lo que ya sabemos relacionado con tales datos. Ello nos permitirá contextualizar el tema para comprenderlo y asimilarlo mejor… Esto se llama escanear.
2. En un minuto, debemos recoger los datos importantes: palabras y frases que resaltan en una simple mirada y que nos ayudan a resumir la información. Los podremos localizar porque son conceptos que se repiten con frecuencia en el texto o que aparecen muy cercanos, por lo que nuestro cerebro los capta y relaciona fácilmente. Hagamos el intento llevando nuestra vista de aquí para allá en la página y anotando tales palabras o frases fuera de la caja tipográfica… Esto se llama leer con intención.
3. En dos minutos, pasemos la mirada párrafo por párrafo pero ahora intentando identificar los sustantivos y verbos de las frases con una visión periférica (de 180 grados); nada de lectura de las frases completas, sílaba por sílaba. El fin de esto es leer en el tiempo más corto posible y rescatar el núcleo temático de cada párrafo. Así se aumenta la velocidad de lectura.
¿Crees que este fin podamos leer al menos un libro? Si así fuese, ¡qué bien nena!, juntas devoraremos miles.
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(2) Comentarios
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Aurora
Me parece un método útil para lecturas de trabajo o para aprender algunas actividades, textos técnicos, etc; pero para disfrutar realmente la literatura, una parte imprescindible al menos para mi es disfrutar la narración detallada de cada momento de la historia, eso es lo que me enamora de un buen libro, actualmente queremos todo rápido y digerido, pero lo que te hace crecer y toca el alma es lo que crece poco a poco en el corazón
La Nena
Aurora, mil gracias por tus comentarios, coincidimos totalmente. Un abrazo, nena.