Desde adentro — 20 enero 2013
¿Estás preparada para dar verdadero amor?

Después de cada mensaje o charla por teléfono me despido con un “Te quiero” o “te amo”; infinidad de veces a mí me lo han dicho. Pero me pregunto si asimilo con conciencia el significado de tales frases porque, sinceramente, incluso han llegado a pasar desapercibidas; es decir, casi siempre la inercia es la que me orilla a pronunciarlas y a ni siquiera escucharlas, tal cual una costumbre.

¡Ah!, pero lo que nunca podrá ser una costumbre es no recibir abrazos, no ser escuchada o no sentirme valorada por los demás. Eso sí que es vital. ¿Por qué? Porque el amor no se trata de decir, sino de hacer. Por ello, hoy te comparto aquello que nos permite dar (hacer) genuino amor; para que tú lo des.

Autoacéptate. La primer relación de tu vida -contigo misma- debe ser de armonía, de lo contrario no serás capaz de compartirte de forma estable y duradera con los demás. Lo emocional es interno, habla acerca de cómo nos llevamos con nosotras mismas; lo afectivo es externo, de cómo lo hacemos con los otros. Si depositas en el otro la emoción de la alegría o del amor, entonces entablarás relaciones positivas; mientras que si sólo desprendes de ti insatisfacción, sólo darás afectividad negativa en cualquier relación.

Respeta. Tener una relación sana contigo misma te permitirá respetar las individualidades de los otros. Esto es básico en cualquier relación. ¿Te imaginas ir por la vida renegando y criticando a todos? ¿Tú querrías estar con alguien así? Es necesario comprender las virtudes y defectos del otro, sus sueños o propósitos; reconocer sus talentos y capacidades; saber que la persona que está frente a nosotros es distinta de nosotros y preciso por ello es valiosa tal cual es. Así que ¿quiénes somos para querer cambiar a la gente?; mejor es amarlos porque son, porque existen.

Escucha. Lo anterior tiene que ver mucho con este valor, pues ¿cómo nos daremos cuenta de la naturaleza de los demás si no nos damos el tiempo para que ellos nos compartan sus necesidades, inquietudes o frustraciones? Es una acción indispensable que nos permitirá conocerlos mejor y ayudarlos a lograr su bienestar. Platica con las personas de tu vida; todas merecen de tu atención.

Sé generosa. Tal aptitud es casi innata en las mujeres, viene desde la maternidad, pues como madres sabemos que nuestros hijos dependen de nosotras para satisfacer sus necesidades básicas; además de que culturalmente hemos sido las encargadas de su crianza. Esto porque la generosidad tiene que ver con pensar en el bienestar de los demás, no con el fin de solucionar sus vidas, sino simplemente con el de ser responsables en cada una de nuestras decisiones y, por lo tanto, acciones.

Es decir, existe una conexión social entre todos, las acciones de uno permean en el otro, es un efecto dominó; por ello, la generosidad es cuestión de empatía, de entender a nuestros semejantes porque sólo así cada vez que debamos actuar, lo haremos bajo la conciencia de que al levantar nuestro brazo, podemos golpear la cabeza de quien nos antecede.

Camina por el mundo ejerciendo estos valores y verás que fácil es hacer que la gente sienta tu amor por ellos.

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Acerca de mí

Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?

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