Aquí entre nos — 04 diciembre 2011
Just the way you are

Por: Natalia

La parte difícil de mantener una paz mental es tener claro el porqué la necesitamos. A veces, a mí se me olvida porqué hago las cosas. De algún modo, todas mis acciones están basadas en el hecho de que estoy buscando mi felicidad, sin embargo, algunas acciones contradicen a otras en la búsqueda de la misma.

Antes, pensaba que siendo gorda no podía ser feliz, así que me esclavizaba en dietas atroces y solitarios días en el gimnasio con tal de ser delgada y feliz. Pero estar sola y sin comer sólo se dirige a más infelicidad. Así que ahí estaba yo: gorda, con hambre e infeliz. Decía que estudiaba como loca para algún día ser exitosa y así, ser feliz. Entonces me enfrascaba en estudiar como posesa, abandonando cualquier otra actividad y, entonces, terminé gorda (porque dejaba el gimnasio), cansada físicamente, extenuada mentalmente e infeliz.

Sentía que no podía ser feliz por que no tenía un amor. Así que me enamoré y cambié mi vida por ese amor, y al final de la relación terminé gorda, cansada, llena de frustraciones profesionales e infeliz; muy muy muy infeliz.

Gracias a Dios esa era yo…antes. Porque, por imposible que parezca, dejar de buscar la felicidad me ha hecho encontrarla a ratos. Una mañana dije (y sin estar de mal humor) que la verdad, no me interesaba terminar la carrera; si lograba acabarla bien, pero si no, a otra cosa y sin más frustraciones. Otra mañana también me di cuenta que jamás iba a ser delgada pero que este es el único cuerpo que voy a tener y, si no lo cuido, éste dejara de soportarme. Me di cuenta de lo mucho que me ama mi pobre esqueleto. Carga con mi sobrepeso, mis complejos, se aguanta mis dietas o mis días de ayuno, mis agresiones y aún así, me lleva cargando al gimnasio, o a correr, o a bailar o a nadar. A mis pobres piernas nunca les ha molestado llevarme a caminar por toda la ciudad, no importa lo mucho que les diga que son gordas y feas. Igual mi panza, que le encanta sentirse llena luego de una tarde comiendo con la familia, o con amigos o con amores. Yo la odio y le digo “¡vete!”, pero ella se queda ahí sonriendo y me dice “¿pero no recuerdas ese día grandioso cuando compartiste esas donas de chocolate con tu mejor amiga?”.

Creo que dejar de buscar la felicidad me ha liberado y me ha hecho feliz. Porque ya puedo decir que voy al gimnasio por que me gusta sentirme ágil y fuerte y no porque me interese bajar de peso. No me importa ganar un Pritzker, porque para empezar sería mas fácil que ganara un Grammy por “mejor cantante revelación” y porque. aquí entre nos, no sé por que debería de ganar un Pritzker. Lo bueno es, que ya acabé la carrera y dejé el drama de lado. Y que el amor apesta, ¡sí! Porque nos la pasamos buscando en los labios de otro lo que no nos animamos a decirnos a nosotros mismos.

Una de mis fobias era andar en motocicleta; la velocidad y el frío no me parecían buena combinación. Pero lo que es la suerte, tuve que ir en motocicleta a Santa Fe. Y me di cuenta de algo: podía ir tensa, nerviosa, gritando en casa bache o tope, sufriendo cada vez que pasara un auto junto a mí, o simplemente concentrándome en mantener mi posición, en llevar las piernas firmes (¡otra vez ellas, tan lindas!) y descubrir al final que puedo pasar por los baches o los topes sin gritar porque en realidad no pasa nada. Sólo se trata del miedo.

Con la vida lo mismo. Puedo sufrir por que escogí ser arquitecta o concentrarme en seguir firme y disfrutar de la velocidad de esta profesión, puedo llorar y llorar cada día por lo gorda que soy o puedo aceptar de una vez que este es mi cuerpo y es muy bello, y que no importa que a mi familia no le guste, a mí me gusta porque me aguanta y siempre habrá alguien que quiera verlo más de cerca. Y puedo renegar y renegar del amor o bien, bajar la guardia y deshacerme de una vez del miedo y sonreír sin ponerme paranoica de que se acerque un niño a decirme “me gustas”.

 Y cierto es que, hay días en que no podré evitar ponerme tóxica, pero siempre me quedará la opción de ese día ir a dar un paseo en moto. Y también, algo que nunca había hecho hasta hace 4 días, fue tomar un espejo y decirme (a media calle y rodeada de gente): “te amo Natalia…‘cause you are amazing, just the way you are”, y eso algo que puedo hacer, me sienta tóxica o no.

 

*Este texto es un testimonio real enviado por una lectora que prefiere mantener su identidad anónima. Si quieres participar con una historia en esta sección, escribe a eldiariodelanena@gmail.com

Related Articles

Comparte Este Artículo

Acerca de mí

Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?

(2) Comentarios

  1. Me gusto. Me senti identificada y tambien debo dejar de tener miedo.

    • Flot, todas debemos dejar el miedo atrás y comenzar a disfrutar cada día de nuestra vida. ¡Un abrazo, nena!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>