Aquí entre nos — 04 enero 2012
Las edades de los complejos 2/2

*Tomado del libro “Cero complejos”, Ed. Marabout

El difícil oficio de ser padre

Ser una buena madre o un buen padre, probablemente ésa sea la obsesión de la mayoría de nosotros. Para conseguirlo, a menudo escogemos la peor de las soluciones: compensar todas las carencias que hemos sufrido (y que aún sufrimos) llenando a los hijos de regalos, atenciones o ambiciones desmesuradas. Se rata del niño “que carga con una misión”, según lo describe el psiquiatra Boris Cyrulnik. Inconscientemente, le exigimos que triunfe en lo que nosotros no pudimos: estudios, una buena carrera, un estatus social envidiable, éxitos deportivos o incluso “sentimentales”. Para resumir, quisiéramos liberarnos de nuestros propios complejos admirando los logros de nuestra progenie. Es el caso del tímido que sueña con ver a su pequeño a gusto en la vida social, o del ansioso que desearía que fuera audaz y seguro de sí mismo. Sin embargo, dichas ambiciones paternas son demasiado pesadas para que las cargue el niño, quien se agota tratando de cumplir cualquier cosa que lo supere. Detrás de esa obligación de ser exitoso, percibe el dolor de sus padres. El fracaso se vuelve imposible para él y su autoestima sufre inevitablemente. Cuando somos padres, el adulto en que nos convertimos se encuentra confrontado con su propia familia. En las dificultaes que enfrenta su hijo, el padre encuentra sus propios sufrimientos, sus propios temores. Se trata del inevitable momento de hacer frente a los complejos personales; no podemos esperar compensarlos por la intermediación de un tercero, se trate de nuestra pareja o de nuestro hijo. Entonces, ¿Cómo desempeñar nuestro papel de papá o de mámá sin volvernos tóxicos? En la actualidad, la famlia moderna sigue reglas muy diferentes de las que regían en otros tiempos. Para la mayoría de nosotros, es imposible referirnos a un modelo paterno para “encontrar” la posición ideal. Hombres y mujres trabajan, el individualismo se ha vuelto un deber, las afinidades constituyen el único contrato que rige a la pareja. En ese marco, cada quien debe inventar su propia recta, un delicado equilibrio entre sus aspiraciones y las responsabilidades de su posicón de padre…¡sin complejos!

La angustia de las primeras arrugas

En la sociedad occidental reina la competencia, los logros y la necesidad de permanecer joven. Todos estamos sometidos a la obligación de adaptarnos permanentemente, pues la referencia a valores intangibles se volvió anacrónica: se desvaloriza la experiencia y la ainnovación se celebra de manera exagerada. ¿Cómo envejecer en armonía en un mundo que cada vez nos aliena más? No importa si somos deportistas, artistas o expertos financieros, la suerte es la misma: el envejecimiento significa la exlusión. Crecer implica correr el riesgo de verse repentinamente marginado de la vida profesional, despojado en la vida sentimental: una de cada dos parejas se divorcia y apenas 30% de quienes tienen más de 50 años siguen trabajando. Los gigantes de la cosmética y los cirujanos plásticos ya lo entendieron, se enriquecen gracias a esta fobia, la de ya no estar activo, la de ya no volver a ser amado. Una marca de crema antiarrugas incluso realizó un spot publicitario donde se ve a una mujer seductora y madura que se entusiasma: “Estoy enamorada y tengo 50 años”, atribuyendo todo el mérito a este “milagro” a su producto de belleza. Los complejos de la adolescencia, los que nos provocaban miedo a ser excluidos del grupo, reaparecen con las primeras arrugas. Las mujeres, con la llegada de la menopausa, se asienten golpeadas más rápidamente por el miedo a envejecer aunque los hombres ya no se salvan de los complejos ligados a la “decadencia” fantasmagórica de los atractivos físicos y la disminución de la actividad sexual.

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Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?

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