¡Uff! Hermosas, no saben lo que me pasó ayer, pasé en un segundo de la gloria al pánico, luego a la pena y después otra vez a la gloria. Les cuento.
Una amiga de mi trabajo me estuvo insistiendo mucho para que saliera con uno de sus primos que acaba de llegar de hacer una maestría en Londres. La verdad es que, al principio, yo me resistí un poco, pero ella me fue convenciendo y así fue como acepté una cita a ciegas con él para cenar.
Estaba un poco nerviosa porque nunca había ido a una cosa así, es decir, sin saber con quién vas y si te gustará, si le gustarás… Pero, sabiamente, otra amiga me dijo: “Nena, piensa que vas a cenar con un amigo, disfruta la cena, disfruta la plática y si se trata de algo bueno, deja que todo fluya. Si descubres que es un patán o que estás muy incómoda por algo, pues discúlpate y puedes irte a tu casa”. La verdad, tenía razón, la pasaría lo mejor que pudiera y me dejaría llevar.
Llegué al lugar como 10 minutos antes, me pasaron a la mesa, fui al baño, revisaba mi teléfono cada tres segundos, miraba a todos lados, hasta descubrí que las manos me sudaban. Llegó Jaime, saludó, se sentó y comenzamos a platicar de cualquier cosa. Físicamente me gustó mucho y, lo mejor, es que resultó ser alguien muy agradable. La cena transcurría muy bien y la plática igual, sentí que había mucho interés de ambos y eso me hizo sentirme tranquila.
Como dicen por ahí, todo era risas y diversión hasta que…mordí un pedazo de pescado y sentí que algo crujió de más, me detuve. Volví a morder ya con más precaución y algo crijió más fuerte. Abrí mis ojos tan grande que él me preguntó si estaba bien mientras yo salía corriendo al baño.
¡Sorpresa! Me rompí una muela…
En el baño entré en pánico, una de mis muelas estaba totalmente partida a la mitad, lo único bueno es que no me dolía nada, pero la muela estaba rotísima. Casi me dan ganas de llorar, más porque se arruinaría la cena que por mi accidente. ¡Me quería morir! ¿Por qué ahora que todo estaba tan bien tenía que pasar esto? De verdad quería soltarme a llorar como una niña. “Calma, nena, calma. Es un accidente y no debes sentirte culpable”. Respiré, me calmé y salí.
Jaime estaba súper preocupado y le conté lo sucedido. “Nena, ¿quieres que te lleve a un dentista? ¿Te duele? ¿Cómo te sientes? Dime qué puedo hacer por ti.” Ah, un encanto, la verdad. Decidimos terminar la cena, antes de pagar él le comentó (muy amable) al gerente del lugar lo que sucedió y hasta el chef vino a disculparse. Creo que todo eso ayudó mucho a que yo, poco a poco, me fuera sintiendo menos apenada.
Como no sentía dolor, preferimos terminar ahí la cita y que me fuera a dejar a mi casa, de camino llamé a mi dentista y ella me dijo que sólo podía atenderme hoy por la mañana. Todo el camino, Jaime se portó súper lindo y comprensivo, incluso buscaba la forma de hacerme reír para olvidar mi pena. Yo quedé encantadísima con él.
Antes de despedirnos, me preguntó a qué hora saldría de mi casa para ir a ver a la dentista, le dije que a las ocho de la mañana. Nos abrazamos y se fue.
Dormí, desperté, me arreglé y…¡apareció Jaime en la puerta de mi casa a las ocho en punto! Yo estaba que no me la creía. Dijo que quería acompañarme, pues la elección del lugar había sido suya y se sentía un poco culpable, “además quiero acompañarte en este momento y asegurarme que estés bien, ¿puedo?” ¡Wow!
Fuimos al dentista, él se quedó en la sala de espera y yo dentro, en plena hojalatería dental. Mientras estaba ahí, con la boca abierta y sin poder moverme, pensé que, después de todo, no era algo tan malo lo sucedido. Es decir, sí me rompí el diente y eso terminó con una cita que estaba viento en popa, pero al final, al quedar yo vulnerable, pude ver un lado de Jaime que no me imaginaba; protector, paciente, considerado…¡una lindura de hombre! Tal vez les parezca una locura pero me sentí afortunada de romperme la muela en una situación tan rara.
La dentista terminó su trabajo, y mientras estábamos en los últimos trámites me felicitó por el novio nuevo, “es guapo y se ve que es un buen chico. ¡Felicidades, nena, ya te lo merecías!”. No aclaré nada y salí feliz del consultorio.
Jaime me llevó a tomar un jugo y ahí seguimos platicando. Yo le agradecí muchísimo el gesto de acompañarme y, en general, todo el apoyo que me brindó. Tanta confianza sentí, que hasta le confesé que gracias a él no hice el drama que regularmente hubiera hecho. “De no estar tú y comportarte así, seguro salgo corriendo del restaurante sin decir nada y me pongo a llorar sin parar”. Ambos reímos mucho.
Me vino a dejar a la oficina y me pidió mi teléfono, quedamos en salir el sábado y seguir con la cita interrumpida.
Yo sigo en shock. No termino de descifrar qué pasó, cómo es que un hombre que apenas conozco me trata así y se interesa. Sobre todo me asombra la manera tan natural en la que ambos pudimos sobrellevar esta penosa situación. Saben, me siento como si lo conociera de toda la vida, tengo confianza en él y mis nervios se anulan porque siento cómoda en su compañía. ¿Es eso posible con una cita a ciegas?
¡Wow!
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(5) Comentarios
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monica
que mal lo de tu muela :/ peroooo que padre, que conociste a una persona como él, muchisima suerte!!! y por fa no dejes de contarnos lo que pase despues eeehhh!! jajaja saludos!!
Paola
Nena, en esta vida n hay casualidades ni accidentes, todo son CAUSALIDADES =) ♥
nana velery
hay le verdad fue muy lindo ese chiko fue todo una amor
Angie
Que emocioooón Nena… espero que en verdad se de algo mas entre uds, exito con este chico… jajaj quiero a alguien asiiii
itzel
Felicidades!!!!
Que buena experiencia