Lo tengo todo, pero no soy feliz

Visitando el Facebook de mis amigas me encontré con un post de una de ellas que realmente me entristeció “¿no les ha pasado que tienen un bonita familia, una pareja que las ama, son exitosas profesionalmente y parece que la suerte está … Leer más

Visitando el Facebook de mis amigas me encontré con un post de una de ellas que realmente me entristeció “¿no les ha pasado que tienen un bonita familia, una pareja que las ama, son exitosas profesionalmente y parece que la suerte está de su lado, pero no son felices?, bueno a mí me pasa últimamente”.

De verdad que caras vemos y corazones no sabemos, pues mi amiguita se distinguió por tener un peculiar sentido del humor y era de las personas que siempre encontraba algo para levantarte el ánimo.

Me pareció extraño su post y no tardé el enviarle un mensajito para preguntarle si estaba bien, que cómo iban las cosas con su esposo, en su negocio. Lo peor de todo es que me dijo que todo iba de maravilla, pero que no sabía lo que tenía, que no se sentía satisfecha con su vida ni con lo que era, pues aunque tenía muchas cosas por qué estar feliz y agradecerle a la vida, no lo era.

Lo que se me ocurrió fue decirle que hiciera una limpieza de su cabeza, que depurara todo lo negativo, además que se sincerara consigo misma para saber qué era lo que le molestaba, con qué cosa en específico no estaba conforme, pero fue inútil pues ella me aseguró que ya lo había hecho y que por primera vez en su vida no tenía que luchar contra la corriente para tener lo que deseaba, que todo estaba fluyendo, pero que no era feliz. Y no tuve más qué decirle.

Muchas veces basta sincerarnos con nosotras mismas para saber qué es lo que no está marchando bien. Sin embargo, es muy complicado enfrentarnos con nuestro yo interno, pues es la única persona que nunca te mentirá.

Por otro lado, estamos tan acostumbradas a pensar que todo nos debe de costar trabajo en la vida, que cuando las cosas fluyen nos sentimos tan raras que no sabemos disfrutar los éxitos y las alegrías, y nos aferramos al sufrimiento, pero ¿qué pasa cuando ya no tenemos por qué sufrir?

Y no es que la juzgue o tenga respuesta para todo, para nada, pero creo que no hay que ser injustos con la vida, sobre todo con nosotros mismos.

La vida siempre nos deja lecciones muy duras de aprender, por ello hay que dar gracias por nuestra salud, nuestro empleo, la gente que nos rodea, nuestra familia y sobre todo porque se nos da la oportunidad de vivir un día más, ¿quieren seguir numerando los motivos para ser feliz?

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Escrito por

Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?

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