¿Qué escondo detrás de mi sobrepeso?

¿Qué escondo detrás de mi sobrepeso?

¿Alguna vez te has preguntado qué escondes detrás de tu sobrepeso? El sobrepeso, cuando no hay cuestiones de salud, puede ser un problema emocional. Con nuestro sobrepeso escondemos cosas que no nos gustan de nosotros, o como nos sentimos con nosotras mismas. Puede ser una protección, una barrera que ponemos inconscientemente y que nos hace sentirnos protegidas.

Detrás del simple hecho de tomar un yogur para satisfacer las ganas de comer o de cerrar un tarro de mermelada una vez que se está harto, en nuestro organismo, y en particular en nuestro sistema nervioso central, hay toda una cascada de reacciones químicas.

Cuando los alimentos llegan al cuerpo, o cuando se siente la necesidad de ingerir calorías, los receptores lo registran a través de las células nerviosas u otras células. Entonces, al nivel de estas últimas, se producen modificaciones eléctricas o bioquímicas que son captadas y trasmitidas al cerebro por las hormonas que circulan por la sangre o por los nervios. Las hormonas son unas proteínas mensajeras que están en la sangre y que ponen a los diferentes órganos (entre los que se halla el cerebro) en contracto entre sí.

Nuestras emociones ejercen una influencia sobre nuestro aspecto, peso y nuestro porte a través de diferentes maneras.

El modo como uno se viste dependerá del humor y de la imagen que se quiera dar, así como de la que el individuo tiene de sí mismo. Según como nos encontremos, nuestro atuendo será afectado, seguro, informal… Es fácil percibir los hombros caídos, la mirada baja y los pies hacia dentro del individuo tímido, o bien, la cabeza alta, la mirada penetrante y el torso erguido de la persona que está contenta consigo misma.

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El sobrepeso tiene ganancias secundarias en nuestro inconsciente y debemos descubrirlas:

Desde una perspectiva más estructural, el sobrepeso emocional se ubicará en diferentes lugares del cuerpo, naturalmente, dependiendo de la fisiología, pero también de su significado simbólico.

Las emociones también actúan sobre la estatura, que no sólo depende de los genes y de la alimentación (se ha comprobado que los hijos de los individuos asiáticos que se instalaron en Estados Unidos en el siglo XX tuvieron un crecimiento espectacular con relación a sus ascendientes), lo que es uno de los factores que explican las diferencias de estatura en el seno de una misma familia. El ejemplo extremo es el enanismo psicosocial, que afecta, por ejemplo, a aquellos niños que padecen un estado depresivo que pueda durar varios años, un estado que pasa desapercibido y del que nadie se ocupa, y que son víctimas de un crecimiento insuficiente. En efecto, la depresión prolongada provoca una disminución de la secreción de la hormona del crecimiento.

Bajo estas premisas, una de las principales causas del sobrepeso es, lógicamente, la ingesta excesiva de alimentos, pero tal vez en la misma medida lo sean las heridas y las afectaciones del aspecto emocional de la persona. Y eso es lo que escondemos muchas veces con nuestro sobrepeso.

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Puede ser que aquellas razones emocionales del sobrepeso vengan desde la infancia, y otras se van adquiriendo con la edad. Lo importante es echarse un clavado al interior y detectar los posibles problemas emocionales que causan que la apariencia física esté afectada. Trabajar en esos problemas nos ayudará con el autoestima y la autoimagen, y eso se reflejará al instante en cómo nos vemos, en cuánto pesamos, en cómo nos paramos, en cómo hablamos y hasta en la confianza que tenemos al emprender grandes proyectos.

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Ni todas las dietas ni todos los remedios ayudarán a bajar de peso a alguien con el alma adolorida. Así es que la próxima vez detente un poco y hazte la pregunta ¿Qué escondo detrás de mi sobrepeso?

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Escrito por: La Nena
Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?