Sexo y complejos en las mujeres

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¿Están las mujeres más acomplejadas que los hombres?

Si nos referimos a la obsesión muy femenina por la perfección física, la respuesta parece obvia. Pocas mujeres están satisfechas con su cuerpo: la gran mayoría de ellas se consideran demasiado gordas y la mayor parte se queja de su busto, de sus caderas o de sus piernas…¡sin mencionar la angustia por la primeras arrugas y por la famosa celulitis! Las mujeres gastan sumas considerables de dinero en la compra de productos cosméticos y son las principales clientas de las clínicas de cirugía estética.

La presión de la mercadoctecnia de la belleza no es ajena a esto. Pero el malestar parece remontarse a la infancia. Varias investigaciones que llevaron a cabo psicoterapeutas en niños de 6 a 12 años demostraron que las niñas tenían resultados promedio de autoestima más bajos que los de los niños de la misma edad. Pero sabemos que las niñas tienden a ser más exitosas en el plano escolar, así que esta disparidad puede sorprendernos.

La tiranía del espejo

La muñeca Barbie y su silueta de ensueño, ¿encarnan un peligro para el equilibrio de las niñas? Este tema ha alientado ampliamente los debates de los movimientos feministas estadounidenses.

Desde la década de 1950, el cuerpo femenino se encuentra por todos lados: carteles, anuncios televisivos, publicidad impresa que exhibe modelos filiformes (y, por supuesto, adolescentes), invaden nuestra cotidianeidad. Sin embargo, la esperanza de poder parecerse algún día al estándar que se presenta es imposible. Ninguna mujer normal podría alcanzar la ecuación mágica: ¡una cintua de avispa, un suntuoso 90 de busto y una altura de al menos 1.75 m!

Desde muy pequeñas, las niñas son bombardeadas por imágenes ideales, de alguna manera condicionadas al deber de someterse so pena de ser rechazadas. ¿No ven a sus propias madres perseguir sin descanso la búsqueda de un ideal inaccesible?

Los problemas alimenticios de las adolescentes son una consecuencia lógica de lo que ven. Y la situación no parece estar mejorando: en la década de 1970, la diferencia de peso entre las modelos de pasarela y las mujeres normales era de 8%; en la actualidad, ¡es de 23%!

La belleza es el precio que se debe pagar para seducir, para ganar el amor del otro. Más que los niños, las niñas crecen en esta perspectiva existencial en la que sólo se valora, como condición de desarrollo personal, pero también de libertad, la belleza de las revistas. “Para ser una mujer perfecta, una mujer libre, ¡hay que seducir!”, es lo que de alguna manera repite sin cesar la prensa femenina.

En la actualidad, lo paradójico es la coexistencia de un discurso liberatorio y el peso de las normas estéticas y sexuales tan precisas, protesta Michela Marzano, filósofa e investigadora del CNRS (Centro Nacional de Investigacion Científica), en Estados Unidos. Para una joven, ser ella de acuerdo con los códigos vigentes ya no es solamente ser bella, es ser a secas. La sociedad de la imagen no ofrece otra alternativa.

Fuente “Cero complejos”, Ed. Marabout

 

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