Sobreprotección a tus hijos: agresión disfrazada de amor

Sobreprotección a tus hijos: agresión disfrazada de amor

 El tema tiene muchos matices y puede llegar a malentenderse, por lo que estas líneas pretenden hacer algunos señalamientos puntuales, sin pretender ser exhaustivos. 

Existe lo que llamaremos conductas de sobreprotección, que en ocasiones son transitorias y se deben a circunstancias que rebasan a los padres y despiertan en ellos angustias, miedos, confusión; pero que, como son transitorias, se puede lograr establecer límites y apoyar en el crecimiento de los hijos de forma sana. Ejemplos de estas circunstancias pueden ser: hijo que nace prematuro, hijo que nace muy enfermo y requiere muchos cuidados (sobre todo si su supervivencia está en juego), etapas del desarrollo del hijo en las que los padres no saben cómo actuar. Es decir, hay padres que son muy buenos por ejemplo con niños de los 3 a los 10 años, pero conforme entra el hijo en la adolescencia ya no sabe bien qué hacer y entonces caen en la sobreprotección. O a la inversa, mientras el hijo era pequeño se le cuidó de más, no se le permitía hacer cosas por sí mismo y después, en la adolescencia, le dicen que ya es grande y que ahora se las tiene arreglar el solo.

Hablar de padres sobreprotectores implica que estos padres piensan, sienten de manera permanente, que necesitan hacer todo lo posible para que sus hijos “sean felices y NO pasen por los SUFRIMIENTOS y MALESTARES que ELLOS en su vida han pasado”.

¿Notan la diferencia? En el primer caso los padres por situaciones que los rebasan actúan de maneras en las que quizá facilitan cosas a los hijos, pero una vez que la situación o la crisis se calma van logrando regresar a ese equilibrio entre lo que hacen para ayudar al desarrollo de los hijos, y lo que dejan de hacer también para ayudar a ese mismo crecimiento.

Una vez entendido el punto, observemos a esos padres sobreprotectores¿Qué hay en su interior que los lleva a actuar de esa forma?

  1. Son padres que de niños generalmente se criaron muy solitos y por lo mismo se sienten heridos, indefensos, con tristeza, con sentimientos de abandono y no desean que este dolor lo vivan sus hijos. Que tuvieron que hacerse o “volverse” niños muy fuertes para sobrellevar responsabilidades de adulto en su niñez, hubo muchas habilidades y aprendizajes que no lograron y por lo mismo no saben cómo transmitirlos.

  2. Crecieron bajo el “debes hacer” y debido a ello no aprehendieron a discernir entre lo correcto, lo que lleva a un bienestar a largo plazo, y los mandatos a corto plazo que se tienen que cumplir.

  3. No logran sentirse independientes y seguros de sí mismos, más bien dudan constantemente y suelen tener mucho coraje y resentimiento interno; no saben cómo hablarlo o se niegan la posibilidad.

  4. Ese coraje, aunado a sus sentimientos de indefensión, es el que los lleva a agredir a sus hijos (sin que se den cuenta y sin que sea su intención) porque buscan sanar lo que sienten través de sus hijos. Es decir, se están viendo reflejados y por lo mismo no ven en el hijo habilidades, individualidades, dones.

  5. Viven los desafíos, problemas o malestares de la vida como cargas que hay que evitar en vez de verlas como oportunidades de crecimiento.  

¿Qué hacer?

Gran parte del trabajo que se tiene que hacer cuando llegan niños con síntomas de sobreprotección, es trabajar con los padres. Al niño se le pueden ir mostrando sus habilidades, ayudarle a fortalecer su confianza, brindarle herramientas. Pero si esos padres no hacen cambio de consciencia, entonces el VÍNCULO padres-hijos se verá constantemente violentado porque tendrán visiones diferentes y actitudes diferentes hacia la vida.

Es importante favorecer un CAMBIO DE CONSCIENCIA en el trabajo terapéutico con los padres sobreprotectores, como con cualquier mamá y papá que esté teniendo dudas sobre su rol de crianza. En esta ocasión se propone reflexionar y trabajar en lo siguiente:

  1. Amar a un hijo es llevar a cabo las conductas hacia lo que le traerá al hijo el mayor bienestar a largo plazo

  2. Recordar que lo que los hará felices a los 2, 5, 10, 13, 20 años es diferente a lo que los hará felices a los 30, 40, 50 años. Y su felicidad a largo plazo NO ESTÁ EN LAS COSAS MATERIALES que de niños puedan desear. Su felicidad dependerá de qué tanto logremos que ellos aprendan a amarse a sí mismos, ver sus potencialidades, seguir a su corazón y tratar al resto de las personas de una manera humanitaria: con amor y respeto.

  3. Cuestionarse ¿Si hoy, a corto plazo, protejo a mi hijo de infelicidad, no lo privaré de felicidad como adulto? En esta situación displacentera que mi hijo está viviendo y yo estoy viviendo con él/ella ¿Qué es lo que necesitamos aprender? ¿Qué de esta situación es lo que necesitamos resolver para crecer y fortalecernos? ¿Cómo lo puedo guiar para que descubra ese aprendizaje?

  4. Como papás no es posible prepararles el camino de la vida para que padezcan menos, en primera porque como seres humanos no somos omnipotentes y en segunda, porque no somos  eternos. Como papás la función es preparar al hijo para el camino de la vida

En conclusión: no es lo que hacemos por el hijo lo que lo hará exitoso y feliz. La clave para el futuro éxito y felicidad del hijo está en lo que como papás les enseñas a hacer por sí mismos, confiando en ellos mismos, siendo leales y fieles con los ideales que nazcan de su corazón y actuando con amor.

 

Por Aleida Guajardo

 

Si deseas complementar esta información te recomendamos que leas el artículo “Guía Etapas Desarrollo de Erickson” o leas la reseña del Libro “Hijos Tiranos o débiles dependientes”.


Escrito por: La Nena
Soy una mujer que quiere ayudar a todas aquellas personas que padecen sobrepeso a cuidarse, mantenerse saludables y sentirse felices. Para ello, compartiré información que es de mucha utilidad para atendernos, de manera integral, y lograr no sólo una mejor figura sino una mejor autoestima. ¡Quiero animarlas, echarles porras y consentirlas mucho! Hagamos de este espacio un punto de encuentro, de ayuda, un refugio y un trampolín para lograr nuestras metas. ¿Qué te parece?