Un día en la vida de La Nena

mujer enojada

Despierto emocionada. ¡Hoy voy a reunirme con mis amigos del colegio, después de 20 años! ¿Cómo estarán Juan, Isela, La Cuca, Isabelita…? Qué ganas tengo de verlos. Si no fuera porque estoy 18 kilos más gorda que la última vez, aaaah. Había jurado que estaría flaca para esta fecha, pero, bueno, al menos ya hice la cita con la Nutrióloga para la próxima semana. En fin, ya qué. Estela me ha amenazado todo el mes para que la acompañe.

Me levanto. Quiero ir al salón de belleza, y pasar un rato a la oficina. Empiezo a lavarme los dientes, y en cuanto volteo a verme al espejo, ¡noooo! ¿Pero qué es esto? ¡Un barro enorme en la nariz! Ni cómo quitarlo, apenas está saliendo.

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Necesito maquillaje, no manches, ¡sólo esto me faltaba! Parece otra nariz. No quiero apanicarme, mejor me meto a bañar, igual con el vapor se deshincha un poco.

Bueno, ¿y qué me voy a poner? Después de probarme todo el clóset, por fin elijo mis pantalones blancos con mi saco naranja. Disimula mi panza aunque, con este tremendo barro, ¿quién se va a fijar en mi figura?

Tomo un café y un pan dulce de volada. Salgo corriendo para ir al salón y, de ahí, un rato a mi oficina. Estela quedó de pasar por mí en 15 minutos. Uff, perfume, chapas… Apago mi compu y bajo. Qué nervios, ¡mejor no voy! Nadie me va a reconocer… En ese dilema estoy cuando por fin llega Estela. Ella es la única amiga a quien he seguido frecuentando.

“Hola, guapísima, ¡qué bien te ves!”, le digo a Estela, quien no puede disimular su horror mientras clava la mirada en mi barro. Lo escondo con la mano y comento: “Sí, está espantoso, qué mala suerte, ¿no?” “Qué importa, vamos a divertirnos”, exclama ella para darme ánimos.

Llegamos a la comida, y saludamos a todos con mucho gusto. Todo mundo está animado y amable, pero para nadie ha pasado desapercibido mi barro que, además, cada vez está más grande. El chistosito de Memo hasta lo saluda, ja, ¡sigue tan ocurrente como siempre!

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Mientras pruebo un poco del pastel de Estela, me doy cuenta de que he estado tan ocupada pensando en mi barro que, por unas horas, logré olvidar mi incomodidad por ser gorda. ¿Cómo?

Sí, es una maravilla. Dejé de pensar casi todo un día en el tema que tanto me atormenta y me preocupa, gracias a un insignificante barro (lo de insignificante es un decir, si lo vieran…). Pero bueno, la cosa es que, al fin, existe algo que me parece más terrible que mi exceso de peso. Si ya lo decía Einstein: “Todo es relativo”.

¿Será éste el fin de la obsesión de La Nena con sus kilos de más? ¿En cuánto tiempo desaparecerá el barro milagroso? Entérate en la siguiente entrega.

Aventura pasada de La Nena

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